Las damas y el ajedrez

Las damas y el ajedrez

«Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo» Napoleón Bonaparte

He crecido en una casa llena de mujeres. Madre, hermanas, vecinas, la señora que viene a limpiar e incluso la portera.  También tengo primas, tías y dos tías abuelas casi centenarias. Digamos que vivo en un ambiente de estrógenos. Este peculiar entorno me ha propiciado un aprendizaje forzoso sobre el género femenino, al que dudo algún día llegue a comprender.

Y es que las mujeres están muy por encima de nosotros los hombres. Ellas juegan la Champions y nosotros jugamos la Europa League. No es algo malo, pero creo que cuanto antes lo aceptemos, mejor que mejor.

Ya en mi más tierna infancia observaba con desesperación como mis hermanas vestían y desvestían muñecas durante horas sin ninguna finalidad aparente, mientras mi mayor preocupación era conseguir desatornillar la barandilla que mis padres ponían en el cuarto de juegos para que no nos escapásemos por los pasillos. Así comencé a descubrir la enorme importancia que las mujeres dan a la indumentaria y la apariencia.  ¿Qué importancia tendría que el gorrito tuviera o no lazos, fuese verde o rosa y combinara o no con la mantita que ponían a ese simulacro de bebé que sacaban a pasear a la calle?

Años después esa importancia en cada modelito dejo de estar referida a un muñeco de plástico. El nuevo objetivo era llamar la atención del género opuesto. Así llegué a una conclusión devastadora: el aumento de edad es directamente proporcional al número de frascos que poco a poco inundan el cuarto de baño. De hecho hay quien dice que las mujeres se enamoran de lo que escuchan y los hombres de lo que ven y que por eso las mujeres se maquillan y los hombres mienten.

Quizá estoy recurriendo mucho a los tópicos, pero si tratamos este tema en profundidad, daría para escribir un libro. Y parte importantísima de ese libro sería el tema compras. Eso ya va aparte. Es otro rollo. El no va más, oiga. Todo hombre debería tener en su lista de cosas que hacer antes de morir un punto que fuera ir de compras con una mujer. Es toda una experiencia. Por analizar, analizan hasta la arquitectura de la tienda.

Y si además se meten en el probador, y tú eres el único acompañante, prepárate. Te vas a pasar los siguientes veinte minutos dando vueltas por la tienda buscando y cambiando tallas, “el mismo pantalón pero con botones en vez de con cremallera”, y unos colores que aparentemente son iguales, pero que al ojo femenino distan kilómetros el uno del otro. Y mucho cuidado con lo que dices en tu papel de crítico de probador, porque hay mujeres capaces de matar con la mirada. Y por cierto chicas, durazno es una fruta, no un color.

Además las mujeres son quienes deciden qué se ve en la tele. En mi caso puedo decir que me sé diálogos de películas como Querido John, El Diario de Noa o Cartas a Julieta de memoria; por no hablar de mi máster no acreditado en tartas y vestidos de boda.

Siempre he pensado que uno de los grandes aspectos en los que debemos mejorar los hombres es en saber valorar la elección de sus vestidos en las ocasiones donde se ha de ir algo más arreglado que de costumbre. Esas citas se avisan con tiempo entre otras cosas porque ellas han de elegir la prenda perfecta que no hayamos visto antes, para que nosotros, como le pasa a Chris de Burgh en su Lady in Red, seamos incapaces de olvidar cómo brillaban esa noche.

Hay temas en los que aún estoy indagando, como por qué van siempre en grupo al baño, o por qué nunca piden postre pero cogen del tuyo. También me pregunto sobre la inexistencia de señoras mayores con el pelo largo, pero eso ya es un tema aparte.

Siempre pensé que al ser el único chico de mi familia, normalmente no tendría que compartir mi ropa con nadie. Obviamente estaba equivocado. Hay una edad en la que todas las chicas te cogen ropa. Y además no avisan. Como todo, tiene sus cosas malas, pero también sus buenas. Aunque esa ropa haya sido diseñada para nosotros, es innegable que en la mayoría de los casos están súper sexys con ella. Y quien lo niegue, miente.

Lois

La complejidad de la cabeza de las chicas supera límites increíbles, y sino pregúntenle a Mel Gibson en la comedia ¿En qué piensan las mujeres? Una película bastante recomendable a la que yo creo que podría habérsele sacado más jugo.

Aunque nos esforcemos y no lleguemos a entenderlas, sin duda alguna una cosa está clara: mientras queden reinas, jugaremos al ajedrez.

Atumanera

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2 comentarios en “Las damas y el ajedrez

  1. 😳 … esa cosa…, que todos los que en algún momento nos hemos sentidos rodeados de “estrógenos” y no sabíamos como expresar. 😉
    Muy bien expresado, con salero y cercanía, gracias (A Tu Manera)
    Chema👻

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