ConexiON

ConexiON

Este pasado fin de semana, como hacemos en mi familia materna por estas fechas cada año, nos hemos ido todos juntos a una casa rural. Aunque esa parte de mi familia es tan grande que ni conozco a la mayoría de mis primos segundos, en esta reunión familiar sólo nos juntamos el núcleo duro de mi familia. Esto es: primos carnales, tías, tíos y abuela. Y lo que hacemos es buscar una casa rural con encanto, en pueblos pequeños, y alejada del ruido, donde pasar unos días tranquilos en familia. No sé por qué, pero cuando estoy allí siempre pienso que es el típico sitio donde a los famosos acosados por la prensa les encantaría estar.

Es un fin de semana que sienta de maravilla. Entre el deporte, la tranquilidad y la compañía de la familia, siempre que vuelvo a Madrid me siento con las pilas cargadas. Es una ocasión tan marcada en el calendario, que para saltársela hay que tener un motivo de fuerza. De hecho yo he sido el único que ha fallado una vez, y fue para aprobar un final de segundo de bachillerato donde me jugaba una asignatura que estaba en la cuerda floja.

Últimamente vamos siempre a la misma casa rural. Cumple todas las condiciones y además puedes hacer cosas más ajenas al día a día de la ciudad como ir a pescar, hacer etapas en bici dignas del Tour, o simplemente hablar durante horas al calor de la lumbre. Digamos que es un ambiente que contrasta mucho con el que semana tras semana uno se encuentra en la capital.

Esta vez, y a diferencia del resto de años, el tiempo no ha acompañado, y todas las actividades exteriores se han visto seriamente perjudicadas. Quizá por eso los móviles han aparecido más que de costumbre. Me viene a la cabeza el caso de mi primo de 15 años, quien como muchos adolescentes de su edad, en las sobremesas, dividía su atención entre la conversación y la pantalla. Y no le culpo por ello, sino que se lo agradezco, ya que me hizo pensar sobre el tema.

Para empezar el chaval está en una edad muy especial. Es esa edad en la que empiezas a conocer al género femenino, las hormonas están al orden del día y los primeros tonteos son intensísimos. Y si además eres un chaval guapete como lo es mi primo, la mezcla está hecha. Bueno, casi hecha. Sólo falta añadir que estas en un sitio aislado y que la única forma de comunicarte con el exterior es vía carta o vía móvil. Y la primera ya está desactualizada.

Yo le miraba a él, y me veía a mí hace unos años con su misma edad. Me acordaba por ejemplo de un verano por Francia, en el que buscaba wifi como si fuera un yonqui para poderle escribir algo a una chica que me encantaba y que al final pasó olímpicamente de mí. Y eso me lleva a acordarme también de otras chicas que me escribían mensajes en los tiempos de vino y rosas de mi adolescencia, a las que luego me cruzaba en persona y ni las saludaba por timidez.

Creo que la canción Amor Acualizado del humorista David Guapo que me enseñó mi amiga Maca viene aquí al pelo.

Y es que el tema tecnológico está muy presente en nuestro día a día. Quizá demasiado, hasta el punto de volvernos maleducados. A día de hoy no es complicado encontrarse a gente gritando por la calle, móviles que suenan en las funciones de teatro o en el cine o llamadas publicitarias a la hora de comer. Y en cuanto a redes sociales, tenemos perfiles en todas. Perfiles en los que somos gente tan sociable que tenemos más de 500 amigos, tan guapos que nuestras fotos no tienen menos de 100 “likes” y tan divertidos que estamos siempre por ahí pasándolo bien. En consecuencia vivimos vidas en las que estamos más pendientes de enseñarle a los demás lo bien que lo pasamos que de pasarlo bien. Y si además lo podemos mostrar en el mismo momento y con un Iphone 6 en vez de con un Iphone 5, mejor que mejor. Así vemos a gente poniendo caras muy extrañas posando para Snapchat, red social en la que yo por ejemplo no tengo cuenta porque de algo que se creó para mandar fotos desnudos, pienso que no puede salir nada bueno.

Y en este mundo en el que puedes hasta buscar pareja a través de internet, todos nos hemos deprimido alguna vez un viernes por la tarde, sin plan, al ver a los demás en las redes pasándoselo de puta madre. Cuando en realidad no lo están haciendo, porque en vez de invertir su tiempo en pasarlo bien, lo invierten en compartir contigo lo que hacen, sin saborear el momento. O el plato. Que muchas veces parece que es más importante la foto de lo que vas a comer, que el comerlo como tal.

Como a veces me gusta decir, la vida es eso que pasa mientras tuiteas. Y si no se han dado cuenta, nadie es triste en internet, ni tiene vidas mediocres.

CR7

Y señores, que no. Que por que David Beckham se tire un cubo de agua helada a la cabeza, y después lo hagamos nosotros, no nos convertimos en famosos. Además, vi muchos vídeos de gente mojada, pero ninguno de gente haciendo la donación económica a los enfermos de ELA, que era lo que realmente se perseguía.

Cada vez veo menos cabinas de teléfono en las calles. Como sigamos así, Superman no va a tener dónde cambiarse de ropa. Y cada vez los niños tienen antes un móvil. Ahora en vez de venir con un pan bajo el brazo, vienen con un contrato de Movistar. Los tiempos están cambiando, que diría Bob Dylan en su The Times They Are A Changin’.

El otro día andaba pensando que el Whatsapp es una de las cosas más parecidas a las cajas negras de los aviones. Pero para humanos. Aporta datos de tu última conexión, ubicación reciente, si has leído o no, y conversaciones en forma de notas de voz. Y también pensé en la cantidad de parejas que esos datos han debido romper.

Y hablando de romper. Lo de dejar una relación por mensaje o por teléfono está en el top cinco de cosas rastreras y poco elegantes que se pueden hacer. Ese tipo de cosas se tienen que decir a la cara. En la película Up in the Air, protagonizada por George Clooney y que trata bastante sobre despidos hay una escena en la que dicen algo así como “Que te dejen por teléfono, es como si te despidieran del trabajo con un email”. Creo que lo expresa perfectamente.

Aunque si algo de verdad me pone nervioso con las nuevas tecnologías es el quedar con alguien y que preste más atención a su móvil que a ti. He quedado contigo, no con tu móvil. Y por tanto donde ha de estar el móvil es en el bolsillo. Aunque me temo que al ritmo al que vamos, dentro de poco los manuales de protocolo dirán si el móvil tiene que dejarse a la derecha o a la izquierda de los cubiertos y el plato.

El tema tecnológico no tiene vuelta atrás, pero sí podemos retomar el contacto humano. Por eso les invito a que salgan y hablen cara a cara con quien generalmente hablan a través de una pantalla, queden a tomar algo y dejen el móvil en su casa. Hagan fotos con su mente, que esas quedarán para siempre. Y no las comparta con nadie. Vivan el momento.

Atumanera

Como suele decirse, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, por eso puedes seguirme en mi Twitter @lifeesotracosa

Anuncios

2 comentarios en “ConexiON

  1. Sí! Por favor! Necesitamos gente joven que difunda mensajes así y se defienda de ser utilizado por los medios!
    Tecnología sí pero con cabeza y corazón.
    Gracias por expresarlo.

  2. Estimado Atumanera:
    Acabo de leer todos sus post seguidos. Al ver la referencia de Al Pacino pensaba que no podía mejorar, pero cuando he llegado al The Times They are a Changing de Dylan he cambiado de opinión. Siga escribiendo. Y si le apetece, lea alguno de mis otras publicaciones.
    Un cordial pero efusivo saludo,
    Holly

Deja un comentario (no es necesario introducir el correo electrónico)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s