Masturdate

Masturdate

Hace poco estuve comiendo en Port de Soller, un pintoresco pueblo de la costa mallorquina. Concretamente estuve en Es Faro, un restaurante con unas vistas privilegiadas del mar, el puerto y la montaña.

Aparcado en la entrada había un Mercedes GT AMG. Para los menos puestos en motor diré que era un precioso coche negro de esos que no se ven todos los días.

Una vez ojeada la carta y pedido el que sería un delicioso pescado fresco tocó degustar un gazpacho de cereza con huevas de salmón, una buena a la par que curiosa combinación al paladar. Entre una cosa y otra animé a mi padre a adivinar, guiado únicamente por la apariencia, qué pareja de las que allí estaban había llegado en el biplaza de la entrada.

 Para nuestra sorpresa no acertamos ninguno de los dos, y eso que el rango de elección era más bien pequeño. El coche era de un señor que estaba comiendo solo.  Pero algo me chocaba. Se había subido a un restaurante con vistas, por una divertida carretera de curvas imposibles, montado en un precioso deportivo, para tomar un buen pescado… ¿Y disfrutarlo él solo? ¿Sin la compañía de nadie?

Es faro

Cuando lo pensé llegué a la conclusión de que ese hombre estaba haciendo algo innovador. Era como si estuviese teniendo una cita consigo mismo. Seguro de encontrar algo al respecto en este mundo de selfies, hípsters y wearables me dispuse a indagar en el tema. En el gran basurero que es Internet, donde alguna vez se encuentran pequeños tesoros, hallé la respuesta. Masturdate. Así llaman los ingleses al noble arte de quedar contigo mismo, currándotelo tanto como si de una cita se tratase.

Habrá quien piense que es una tendencia que sigue gente poco sociable para ocultar su falta de amistades. Puede ser. Pero también puede ser que, ciertamente, produzca una satisfacción distinta el hacer solo algo que se suele hacer acompañado. Es decir, el realizar algo por ti mismo y no por los demás. Como cuando nos adecentamos algún domingo aunque no vayamos a salir a la calle ni vayamos a ver a nadie.

Partiendo de la idea filosófica de que el ser humano es egoísta por naturaleza, el masturdating es un hábito poco desarrollado. Yo casi ni me acuerdo de la primera vez que lo puse en práctica. Creo que fue hace unas cuantas navidades, que fuimos toda la familia a un spa; y mi primo y yo decidimos que Segundo de la ESO era muy estresante y que no sabíamos cómo habíamos llegado tan lejos sin que nos dieran un masaje. Y así fue como me fundí el aguinaldo aquel año, y de paso me inicié en eso de conocerme a mí mismo, algo que parece aportar esto del masturdating.

Y es que este arte (porque si se hace bien, como el señor del restaurante, casi casi es un arte) tiene muchos pros. El primero y más lógico, que no dependes de nadie. Generalmente buscamos la felicidad en los demás, y yo personalmente pienso que es un error. Creo que nuestra felicidad no tiene que depender de nadie más que de nosotros mismos.  Y la tendencia que tenemos entre manos  nos puede hacer disfrutar sin necesidad de nadie (supongo que de ahí que la palabra recuerde tanto a “masturbación”).

En esto no hay democracia que valga. Tú decides el sitio, el dónde y el cómo. La imaginación y la cartera son el límite. Por ejemplo puedes decidir qué ves en el cine sin tener que discutirlo con nadie.  Porque sin duda el cine es uno de los planes más recomendables para el masturdating. ¡Se acabó el compartir palomitas! Lo malo es que al salir no tienes con quien comentar la peli.

Para mí todo esto no es más que una excusa para pensar. Con la cosa que además te das un capricho para no saturar a tus neuronas. Es llevar a lo grande el mirar por la ventana en un trayecto de autobús. A veces simplemente necesitas estar sólo. Y no necesariamente porque algo haya ido mal. Simplemente tienes la necesidad de darle un poco a la cabeza. Y de vez en cuando salen buenas ideas. Como le pasó a Arquímedes, que descubrió su Principio en la bañera.

Vivimos a toda velocidad. Y a veces por ir tan rápido no nos da tiempo a disfrutar del paisaje. Creo que una masturdate te permite ir a tu ritmo. Andar al paso que tú desees, escuchando el sonido de tus zapatos al pisar, apreciar el olor de la tierra húmeda. Mirar a la gente que te cruzas a la cara, preguntarte de dónde vienen, a dónde van, por qué casi nadie sonríe. Ver cómo los árboles se tiñen de naranja, rojo y amarillo, fijarte en el dibujo en la espuma de tu café, mirar el reflejo de las luces de los coches en el asfalto mojado. En definitiva apreciar cosas que cuando se va acompañado y metido en conversación suelen pasar desapercibidas.

cafe

Es curioso que algo que en principio parece tan egoísta pueda hacer que te fijes en tu entorno más que de costumbre. De hecho en rutas tan bonitas como el Camino de Santiago hay mogollón de gente que va sola. Cuando yo hice el Interrail coincidí en Atenas con un chico español que estaba haciéndolo también, pero solo. Resultó que el amigo con quien lo iba a hacer le dejó tirado en el último momento, y éste chico en vez de cancelarlo tiró para delante. Cuando me lo contó me sorprendió mucho, porque creo que la mayoría de nosotros habríamos preferido cancelar el viaje antes que irnos solos.

Aun así no me termina de convencer más allá que para hacerlo muy ocasionalmente. Creo que  lo suyo es hacer planes acompañados, porque las experiencias compartidas aportan mucho más. Pocas cosas hay como una buena conversación. Pero eso sí, cuando necesitas tu aire, tu espacio, es probablemente la mejor de las opciones. Te evita esa sensación melancólica y acogedora que acaba atrapándote antes o después cuando estas solo.  Esa misma sensación que expresa Freddie Mercury en su Living On My Own.

Atumanera

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2 comentarios en “Masturdate

  1. Gracias, atumanera, por animar a tan saludable práctica.
    Algunos la consideran pecado y buscan desaforadamente compartir lo que sea, con cualquiera y a cualquier precio…

  2. Si sabes apreciar los detalles, si eres capaz de disfrutar el placer de objetos o actividades no necesariamente costosas,si tienes esa apreciación interior de poder acceder a esos lujos, entonces, efectivamente, la vida es otra cosa. Me gusta tu blogg.

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